seres arbóreos

Ruda: ojos en la luz

Por 2 abril, 2020 No hay comentarios

Envidia

Todos hemos experimentado la envidia: por sentirla o por ser receptores.
La envidia jamás es de la “buena”. Una persona envidiosa mata.
En primer lugar su propia capacidad de comunicarse con su Ser invisible
y obtener desde ahí el sustento que necesita.
Por ejemplo alguien que envidia la salud, cierra el flujo divino del cual podría obtener curación.
Mata la posibilidad, al cerrarla.

Cuando somos emisores de envidia, abrimos portales sutiles por donde entra parasitaje.
Somos canales por donde entra energía dañina.
Este parasitaje ataca tanto la percepción del que siente envidia,
como del que es blanco de ella, si en él existiera afinidad de forma con dicha emisión.

Esta planta es la encargada de limpiar esa cáscara pastosa y adhesiva producida por las críticas,
y el palabrerío que le proferimos a los otros aún con buenas intenciones. Podemos destripar a alguien con la lengua.

Algo importante: si la envidia de otro puede afectarte, revisá tu ojo.

-Purifica el “ojo malo” inclinado a participar en juicios y decretos sin balance. Lo que se conoce como mal de ojo.
-Crea un escudo de luz donde no puede entrar nada que no sea a fin.
-Nos hace conscientes de que tipo de vibración emitimos.
-Afina la voluntad real y la correcta adhesión a la Ley.
-Ayuda a discernir entre nuestra inclinación a dañar y nuestra inclinación a dar sin egoísmo
-Renueva nuestra visión

Decreta: “Mis ojos beben de la luz infinita. Lo que ven, lo elevan de sufrimiento a hermosura”
Recuerda: sahumar con el sentimiento correcto.

Lorena

Lorena

Desde la infancia, los seres arbóreos son mi familia. En las manos de mi abuela adquirieron magia, olor y medicina. En las manos de mi papá, la magia se elevó elegante y sobrio como un pino, en la que cada noche el cielo descargaba sus estrellas para hacernos refugio de lo divino en la tierra.

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