seres arbóreos

seres Roble

Por 30 abril, 2018 agosto 4th, 2019 Un comentario

la confianza de los Implacables

Caminar por las calles empedradas ( de las últimas que van quedando ya ) de Belgrano, lugar en el que vivo ya hace más de diez años, por estos días es una aventura muy taurina y sensorial. Los Samohú, o los palos borrachos, están tan  floridos, carnosos y rosados que le dan a la ciudad una exuberancia y alegría inusual. En mis caminatas diarias me gusta mucho mirar los árboles, colgar los ojos en las ramas semi desnudas de los robles, oler la corteza húmeda de los tilos y estar un rato en recogimiento y silencio entre ellos. Este entrenamiento sencillo y cotidiano, es el que  me hace abrir un registro muy sensible por la belleza oculta. En medio de una ciudad ahogada entre ruidos arrolladores e indiferencia mortuoria, mi alma gana una clase de confianza inusual. Hoy quiero escribir sobre unos seres muy peculiares, tan inmensos y majestuosos -que estoy aprendiendo a conocer- como implacables y benevolentes; ellos son los seres Roble.

 

Las veredas amanecieron tapizadas de cientos de manitos cobrizas. Entre la apatía y el apuro de quienes caminan entre ellas, o los perros que corren y hacen sus necesidades, o los charcos que dejan  las lluvias breves de otoño, están las hojas amarronadas y arrugadas de los  seres Roble. Noté como se agrupan con otras hojas, semillas y algunos restos de ramas secas  y forman algo así como islas crujientes. Lo que más llamó mi atención fue que su anatomía tiene terminaciones redondeadas y que son similares a las palmas de una mano. Recogí unas cuantas y se vinieron conmigo para sahumar mi casa  y conversar un buen rato con el espíritu de éste ser arbóreo. Cuando tomé una hoja y la coloqué entre mis manos, en forma de rezo, noté que despedía un calor intenso. Un calor que envolvía mis manos como si fueran guantes solares. Su calidez y fuerza inmediatamente despertaron algo en mi alma. Es como una marea de entereza en medio del naufragio, como una benevolencia sin fisuras. Una confianza que llamo, la confianza de los Implacables.

y comenzaron a hablar

 

Tomé mi sahumadora y encendí unos carbones, las hojas comenzaron a hablar. ¡Qué digo las hojas! los mismos seres arbóreos ofrecieron su himno en forma de espirales blancas y tupidas en forma de humo, los bosques antiguos se asomaron y saludaron al alba, los viejos guerreros resurgieron entre las cenizas de los olvidados. Los hombres y mujeres se vistieron otra vez con sus mejores ropas para honrar a la tierra, a la Madre Negra,. La ciudad de Buenos Aires tembló, el cemento dejó gritar a los bosques que se durmieron de hambre y que se vaciaron de silencio. Una tremenda fuerza se liberó de esas manos arrugadas y ya en descomposición. Algo parecía retornar de un largo invierno sepulcral, algo semejante a un gran imperio arboreal, con la valentía y gallardía de un experimentado samurai. El gran imperio arboreal estaba despertando una vez más, renaciendo, resurgiendo entre el cemento urbano y la rigidez de un corazón cerrado, sea donde sea que un cuerpo se encuentre.

los guerreros reales

Las manos de la Madre Negra regresan. Son las manos del guerrero, de los protectores, de los reyes y reinas, de las sacerdotisas y sacerdotes reales,  de los que en su santa y pura benevolencia, son implacables devotos de la vida conectada. Esta clase de devoción obedece al Principio Vital que todo lo conecta; el amor. ¿ Existe Ley más poderosa que esta?  Cuando siento la presencia de almas guerreras, no son como los guerreros que me haya podido imaginar en el pasado o como los que abundan en las pantallas de los cines o mitos fantásticos. Sus almas están libres de odio. Sus almas son como sables encendidos. Son los guerreros reales, los Implacables. Ellos no lucha en contra de nada. No luchan a favor de nada. No luchan, SON. Su atención está puesta unicamente en las raíces del Origen. En esto son sin falla, ni error. Por eso se presentan como los guerreros reales. Los que en medio de la ilusión de escasez, miseria, ignorancia y sufrimiento,  aún permanecen plantados con firmeza en la plenitud ardiente del Origen. Su única defensa, es SER. Y en su Ser, hay Sabiduría, Justeza y Voluntad.

la Fuerza que regresa

 

Seres roble. La confianza de los implacables. Sahumar, sentir, orar.

una hoja de roble sahumándose…

 

Hay una tremenda fuerza en estos seres Robles. Puedo escucharlos. Puedo sentir su espíritu flotar entre las personas, entre el cielo nublado, las penas sueltas por las injusticias experimentadas  y la rígida y putrefacta idea de lo que da seguridad. Los seres Robles, infunden coraje a los que temen y en la adversidad dan certeza. Los seres Roble sostienen en medio de los días rotos, esas partes que necesitan cuidado y apoyo. Los seres Roble nos sumergen entre sus humos dulces y terrosos cuando la confianza no está presente. Y esta confianza no es la confianza del hombre o la mujer común. NO. Es la confianza del guerrero real. Real, porque solo ve ( conecta ) lo que es REAL y nada más. Nos corona con su confianza tan inocente como imperturbable. Nos anima a confiar en nosotros mismos. Porque nosotros mismos, en esencia,  somos ellos. Ellos somos nosotros. Este enlace o vínculo, entre la tierra- nuestra Madre  Negra– lo humano y el divino Origen,  es lo que nos devuelve la confianza de los implacables. Una confianza que no está afirmada ni sostenida en las cosas del mundo, sino en la conexión con del alma y su inteligencia conectiva.

seres Roble

Cuando camines por el bosque, por la ciudad o la montaña y te encuentres en presencia de los guerreros implacables, los seres Roble, quiero que sepas que están en presencia de una gran Fuerza. Si estás con dudas, desanimado y temeroso, los seres Roble quieren infundirte su firmeza protectora y su confianza férrea. Y aunque tu confianza parezca golpeada, fragilizada u olvidada, la confianza de los Implacables es la tuya. Los seres Roble, regresan para entrenarte en el definitivo arte de SER. Para comenzar este entrenamiento hay heridas que necesitan ser curadas y en esto no hay medias tintas, ya no. Estas heridas están vinculadas a la energía masculina de muestra naturaleza, a las frustraciones inhibiciones y fracasos aparentes. Al sanar lo que nos ha “herido” transmutamos el dolor en sabiduría. Y por curación entiendo que ya no hay ni rechazo ni adherencia a lo experimentado, no hay resentir,  sí consciencia. Y en esa transparencia natural el alma gira hacia su Raíz, hacia lo Real. Si algo tienen en común los seres arbóres y los ángeles, es que en ellos no hay distorsiones, solo hay rectitud e impecabilidad.

Y  ¿sabés algo? por eso no fallan.

Tu debilidad  ya no va a ser usada en tu contra ni en la de nadie más, va a ser transformada en un “arma” -una rama del gran Árbol de la Vida-  y no es un arma que asesina, daña o maltrata, no; es un “arma” que desarma lo que te aleja de tu alma; tan implacable como impecable. La mano de los seres Roble te guiarán. Porque el gran enemigo de la humanidad no está afuera, el gran enemigo se encuentra en su propia mente. Y es ahí donde se da la Gran batalla. De pronto renace la sabiduría del limite bien puesto, de los limites como facilitadores de una creatividad nueva y energizante. De la urgente necesidad de saber decir NO cuando es necesario, con la firmeza y benevolencia de los seres Roble.

¿Qué nos hace perder la confianza? ¿ Nuestra confianza ha sido herida de alguna manera en particular?  El primer principio que infunden los seres Roble es que confiar es conectar. Conectar con la unicidad o flujo entre la Tierra y el Cielo. Entre lo tangible y lo intangible, entre lo concreto y lo abstracto. Sin confianza no hay conexión posible ni auténtica. Sin confianza no hay conexión con el alma, no hay seguridad verdadera, solo pasajera y vulnerable. Es necesario ahondar más sobre éste punto.
Por ahora pongo un punto final, pero que en verdad son suspensivos.

 

 

 

ɐ u ǝ ɹ o L
ǝ l ɐ ɔ o ı C

 

Lorena

Lorena

Desde la infancia, los seres arbóreos son mi familia. En las manos de mi abuela adquirieron magia, olor y medicina. En las manos de mi papá, la magia se elevó elegante y sobrio como un pino, en la que cada noche el cielo descargaba sus estrellas para hacernos refugio de lo divino en la tierra.

Un comentario

  • Me ha gustado muchíiisimo éste post. Lo he leído cómo si respirara el oxigeno de las altas Montañas 😀 Aparte que es un deleite la música de las frases, la cual entra en mi alma y la nutre sin pasar por la mente; en realidad, nunca me había ocurrido esto: que la mente no se inmiscuyera en el comunicado de la lectura , “sintiendo” que la música le habla a mi alma más allá de lo que haya comprendido . Por eso Lorena te doy las gracias, por hacer posible estos gratos ratos de lectura y aprendizaje.
    Saludos Cordiales!

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